Comenzamos el circuito en la calle de l’Arxiduc Lluís Salvador, en la carretera de Sóller, justo al lado de la parada del autobús, frente a la cual, y a pocos pasos, se inicia la calle des Porxo, por donde seguiremos. Pasada la casa consistorial y Can Vallès, con su torre señorial, llegamos a un cruce, por donde continuamos en sentido descendente por la costa d’en Topa, una escalinata que nos lleva hasta un puentecito sobre el torrente des Racó. Enfrente, localizamos el cup (cubo) en forma de torre del molino de Can Carindo, el último que funcionó en la villa, y al lado el museo que creó William Waldren, con sus hallazgos de la prehistoria mallorquina.
Seguimos caminando junto al curso de agua, al otro lado del cual nos quedan los lavaderos des Siquió y, poco después, en la primera curva, encontramos el refugio de Can Boi, de la red del Consell de Mallorca, donde podemos visitar la tafona (almazara).
Transitamos ahora por la barriada des Clot, donde podremos ver la pica de sa Font des Molí y la acequia que más abajo nutre otros lavaderos conocidos con el nombre de «piques des Clot». Ya más abajo, pasamos cerca del cup de uno de los cuatro molinos que se movían con este manantial y se inicia el camí des Ribassos, ya más estrecho.
Pasamos dos botadors (saltaderos), el torrente de Can Raboa y la acequia de la fuente des Molí, ahora seca, y sin tener en cuenta el ramal que sale a nuestra izquierda, seguimos en descenso suave hasta llegar al puente de sa Cala, situado sobre el torrente Major. Aquí dejamos de lado el camino que surge al otro lado y continuamos por el camino asfaltado hasta llegar a la cala de Deià, donde todavía podemos ver las casetas de los pescadores, junto con los restos de los escars (varaderos) donde resguardaban las barcas.
El regreso debemos hacerlo por el mismo camino hasta el puente de sa Cala, punto en el que dejamos el sendero por el que habíamos bajado y continuamos por la carretera asfaltada hasta que, unos cuantos metros más allá, a la izquierda, se inicia el camino empedrado de sa Vinyeta que, tras cruzar dos veces más la carretera y bordear los bancales des Verger y de la escuela municipal, nos permite llegar otra vez al núcleo urbano y al punto de donde habíamos salido.
No apto para sillas de ruedas ni para carritos de bebé.