Cada Nochebuena, cuando el silencio inunda las iglesias de Mallorca, una voz solitaria y una espada alzada anuncian el Juicio Final. El Cant de la Sibilla es mucho más que un canto litúrgico; es uno de los tesoros culturales más antiguos de Europa que ha sobrevivido intacto en nuestra isla desde la Edad Media.
Este drama litúrgico, que anuncia el nacimiento de Dios y el juicio final, fue una tradición popular en las catedrales del sur de Europa. Su llegada a la isla se remonta a la Conquista de Mallorca en 1229, de la mano del Reino de Aragón.
La primera mención escrita de esta joya medieval se conserva en la Consueta de Tempore de la Catedral de Mallorca, redactada en latín entre los años 1360 y 1363. Es el testimonio de una fe y una cultura que han definido la identidad mallorquina durante siglos.
A partir del siglo XV, el canto comenzó a interpretarse durante las Maitines de Navidad. Originalmente interpretado por un niño vestido de doncella que porta una espada, la tradición evolucionó del latín al mallorquín antiguo.
En el siglo XVI, gracias a figuras como Monseñor Joan Font, el texto se consolidó totalmente en nuestra lengua propia, formando parte esencial de la Consueta de la Sagristía. Hoy en día, esta representación sigue emocionando a locales y visitantes por su solemnidad y belleza atemporal.
El Canto de la Sibila se interpreta la noche del 24 de diciembre en prácticamente todas las iglesias de los municipios de la isla durante la Misa del Gallo.
Aunque la versión de la Catedral de Mallorca (La Seu) y el Santuario de Lluc son las más multitudinarias, vivirlo en las pequeñas parroquias de pueblos como Pollença, Sineu o Valldemossa ofrece una atmósfera de recogimiento única.