Hoy nos espera Na Pòpia, la cumbre más alta de Sa Dragonera, balcón avanzado sobre el Mediterráneo y lugar elegido, tiempo atrás, para situar primero una atalaya del sistema defensivo y después una gran lámpara de ayuda a la navegación. Los restos de este antiguo faro, habitados hoy tan sólo por lagartijas y cubiertos a menudo por la niebla, nos retraen a tiempos lejanos, cuando los fareros y sus familias vivían en la isla en condiciones de gran dureza y aislamiento.
No apto para sillas de ruedas ni carros de bebé.